Alice Milliat, pionera del programa olímpico femenino

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Alice Milliat, pionera del programa olímpico femenino

Cuando Melpómene, pequeña mujer de origen Helénico, recorrió el camino que lleva de Maratón a Atenas (42km)  el 15 de abril del año 1896, se enfrentaba a la adversidad y a las barreras que miles de mujeres habrían de superar hasta que en 1928 se permitiera oficialmente la participación de las mujeres en  los Juegos Olímpicos Modernos.

Absolutamente desconocida para el mundo, fue rescatada por la Asociación Internacional de Historiadores Olímpicos, precisamente para la conmemoración del centenario de la participación de las mujeres en Sydney 2000.

Una mujer batalladora y convencida de su objetivo: correr la prueba de Maratón en los I Juegos Olímpicos Modernos,  hablar con el Rey Jorge I y solicitarle ayuda para educar a sus hijos. Melpómene encarna a la mujer que proyecta sus metas y no se detiene, ni siquiera ante la discriminación. Ella llegó a Maratón después de haber sido rechazada en el momento de la inscripción en Atenas, debido a que en el programa no se había dispuesto la participación de las mujeres en ningún deporte.

El camino no ha sido fácil, pero las mujeres  haciendo uso de sus fortalezas no nos hemos dejado vencer por las adversidades. Pese a no ser oficial su participación  en el  programa  de los Juegos Olímpicos París 1900,  celebrados en el marco de la Feria Exposición Universal, tomaron parte diecinueve (19) mujeres en Golf, Tenis y Vela.

En realidad el contexto social en el que desenvolvían los Juegos en aquélla época  era elitista, en consecuencia, las mujeres de alto nivel socioeconómico, no “debían” exponerse a la rudeza del deporte so pena de arriesgar su fertilidad… Esto sumado al interés de Pierre de Coubertin de mantener la tradición Helénica de no participación de las mujeres, se convirtió en una verdadera barrera a vencer a principios del siglo XX.

Las mujeres a lo largo de la historia hemos demostrado que sólo es posible alcanzar, lo que queremos. Y así se ha ratificado una y otra vez. Las mujeres en el Movimiento Olímpico  tímidamente hicieron su aparición pese a ser rechazadas, pero lentamente fueron abriendo el camino, como se aprecia en la siguiente gráfica:

Muy significativo fue para las mujeres que se diera en primera instancia la I Guerra Mundial, que sin duda fue la oportunidad para salir de casa y asumir liderazgo, demostrando de paso su capacidad de producción y su calidad en términos de rendimiento y dedicación  laboral.

Paralelamente a la situación mundial, se fue dando el desarrollo en los Juegos Olímpicos. Hasta 1924 las mujeres participaron en condición extraoficial, pero para llegar a ser admitidas en Ámsterdam 1928, fue necesario un tanto de presión…

La líder de este proceso, absolutamente convencida de que las mujeres podían practicar cualquier deporte y que deberían hacer parte de los Juegos Olímpicos oficialmente, fue Alice Milliat.

Ella había nacido en Nantes, Francia el 5 de mayo de 1884 en una familia trabajadora, su padre un empleado del comercio y su madre una costurera. Inició sus estudios para ser institutriz, una actividad con mucho reconocimiento [1]en la época para una mujer de la pequeña burguesía de donde ella provenía.

A la edad de veinte años se casó el 10 de mayo de 1904 con el joven Nantés Joseph Milliat, empleado de negocios del Estado, con quien viviría cuatro años en Londres. Allí se vinculó a la práctica de la gimnasia que tenía una gran acogida en Inglaterra entre las mujeres y con su esposo practicó el remo acompañándole en sus competencias.

Al fallecer su esposo en 1908, se dedicó  a recorrer varios países de Europa e incluso visitó América interesándose  fundamentalmente en los procesos metodológicos de la [i]Educación Física. Su capacidad para hablar varios idiomas le permitió interactuar plenamente y fortalecer sus conceptos sobre la práctica del deporte, así pudo ejercer la profesión de traductora gracias a sus conocimientos en el tema y, sin duda, la ayudó tres años después de su primera carrera a campo traviesa en las fronteras de un suburbio incierto, crear la Federación Deportiva Femenina Internacional (FSFI).  

Apasionada por el deporte practicó remo, gimnasia, ciclismo, automovilismo, atletismo, tenis y futbol, pero lo más importante para nuestro caso, ella fue testigo del auge de los Juegos Olímpicos Modernos.

En París 1900 los Juegos habían sido un evento más incluido en la Feria Exposición Universal cuando Alice tenía dieciséis años y el COI era presidido por su compatriota, el Barón de Coubertin, quien se opuso siempre a la participación de las mujeres en los Juegos Olímpicos. Según Boulonge, 2000

[1]Le Soldat de demain, art.cit.janvier 1920

24 – 26, ““Coubertin mantuvo durante toda su vida una oposición incondicional a la participación de las mujeres en el programa olímpico. (…) Coubertin reconocía a las mujeres el derecho a una educación deportiva e incluso a la competición deportiva entre ellas, pero fuera de la vista del público masculino, que forzosamente tenía que ser concupiscente. Así pues, las restricciones que impone Coubertin a la competición deportiva femenina no son tanto de orden fisiológico (aunque existen), como de orden antropológico y cultural”.

El ímpetu de Alice Marie Million (su nombre de soltera) la llevó a obsesionarse con el objetivo de hacer posible que el COI cambiara esta determinación que estaba basada en la historia de los Juegos Olímpicos antiguos, que prohibían la presencia de las mujeres en los festivales atléticos que se celebraban en Olimpia. Sin embargo, también en aquella época las mujeres lograron tener sus propias fiestas atléticas como lo expone Fernando García Romero, “La participación de la mujer griega en las competiciones deportivas ya sea dentro del sistema educativo ya en competiciones agonísticas, es un tema que sigue planteando multitud de problemas, muchos de ellos básicos, todavía sin solución. Los testimonios de que disponemos no son, además, demasiado abundantes y las informaciones que nos proporcionan resultan a veces contradictorias o de difícil interpretación (…). Por supuesto, el atletismo femenino se inscribe dentro del contexto más amplio de la situación de la mujer en la sociedad griega, y su difusión y características se han puesto naturalmente en relación con el ámbito social en el que se desarrollaba la actividad de la mujer en las diferentes ciudades, dependiendo también de los periodos históricos” (1992, 104).

La sociedad de la época de principios del siglo XX no es que fuera muy condescendiente con las mujeres pues ni siquiera tenían el derecho al voto y apenas participaban en actos sociales respaldadas por las actividades de sus esposos o familiares. Sin embargo, esa misma circunstancia hizo que Alice Milliat conociera de cerca cuanto acontecía en el entorno sobre las disposiciones reglamentarias de los Juegos.

Así las cosas y en vista de lo difícil que era lograr la participación, Alice Milliat, se dio a la tarea de organizar toda suerte de actividades deportivas entre las que se destacaban las pruebas del atletismo que fueron prendiendo el espíritu deportivo entre las mujeres de su círculo cercano y estas a su vez entre los suyos, hasta que poco a poco fueron aumentándose  las competiciones y afianzando el deseo por hacer parte del programa olímpico.

Con la igualdad de género como una de las principales preocupaciones del Movimiento Olímpico en la actualidad, (como claramente lo expone hoy la Agenda 2020 en su recomendación número 10), resulta ciertamente irónico que le haya tomado un siglo a las mujeres para llegar a esta posibilidad y que aún en muchos países del mundo a las mujeres les sea prohibido participar de los beneficios del deporte, la educación física y la actividad física en general.

De tal forma y con toda la razón, es hora de una mayor conciencia sobre el tema, motivo por el cual la historia de Alice Milliat cobra fuerza a la hora de reconocer su legado para la humanidad. Su aventura emocionante es también  el nacimiento en Francia del deporte para las mujeres, que se da entre otras gracias a la I Guerra Mundial entre 1914 – 1918. Un deporte femenino cuya principal característica fue la de iniciar y posicionar a las propias mujeres en la arena deportiva.

Su nombre empezó a ser reconocido entre la prensa francesa como “la dama de sastre y sombrero”. Su carácter decidido y su liderazgo contribuyeron a fortalecer no solo el deporte femenino en Francia sino en el mundo.

Veamos algunos resultados de competencias femeninas organizadas por su Club Femina Sport del cual fue Presidenta desde 1911.

Es preciso anotar, tras el éxito en términos de incremento de participantes y pruebas en cada evento, que para 1917 se crea la Federación Deportiva Femenina Internacional (FSFI) de la cual sería Alice Milliat inicialmente su Tesorera y posteriormente su Presidenta. A estas alturas los Juegos Olímpicos ya habían tenido su primera detención en el ciclo, debido a la I Guerra Mundial y no se habían realizado en 1916. Pero según André Devron, Milliat si estaba muy interesada en lograr la participación de las mujeres e insistía en forma permanente ante el COI que se abriera la posibilidad en las pruebas de atletismo.

En Amberes 1920 una vez mas no fue posible por el concepto que ya hemos enunciado que tenía Coubertin, de manera tal que sólo el tenis y la natación tuvieron participación femenina aunque sin reconocimiento oficial alguno. Pero la rueda iba rodando, no había razón para detenerse, sería el Principado de Mónaco el aliado para llevar a cabo en Montecarlo 1921 y 1923 varios meetings atléticos que congregaron la presencia de mas de cien mujeres provenientes de distintos países de Europa.

Contra todo pronostico de la prensa, el tema conllevó a la creación en octubre de 1921 de la Federación Internacional de Deporte Femenino (FISF), con cinco países: Reino Unido, Checoslovaquia, España, Estados Unidos y Francia, en 

un salón del Boulevard des Italiens, ocupando Allice Milliat  una de las cuatro Vicepresidencias. Su primera tarea fue la de registrar los primeros récords mundiales femeninos. Un año después (según Devron una de las investigadoras más importantes de la vida de Alice Milliat), asumió la presidencia y volvió a renovar su petición para que el atletismo femenino hiciera parte de los Juegos de París 1924 obteniendo la misma respuesta … la negativa del COI.

Con el objetivo en mente al siguiente año, Milliat decide cambiar la estrategia y convocar el Meeting de Atletismo en París como los I Juegos Olímpicos Femeninos que se llevarían a cabo el 20 de agosto de 1922 en el Stade Pershing. En realidad fue una decisión muy bien pensada con base en la situación que vivía el comité organizador de Paris 1924 tras la decisión del Concejo Municipal de reducir el presupuesto para los Juegos de 10 millones a un solo millón  de francos. El evento tuvo un éxito sin precedentes, más de 15.000 espectadores asistieron y fueron testigos del momento en que se declararon inaugurados los Juegos y su correspondiente anuncio para celebrarlos cada cuatro años,

Sin embargo, la prensa tituló tímidamente el certamen o quizás en forma temerosa. Lo cierto es que el TIMES tituló “Mujeres Atletas en París” y le dio un tratamiento de campeonato internacional en el que participaron mujeres. De otra parte el Comité Olímpico Frances, se excusó alegando que la FSFI había utilizado ilegalmente el término “Olímpicos”. El ambiente controvertido hizo que las mujeres fueran protagonistas de un cambio lento que llevaría a cambiar los paradigmas. Finalmente Paris 1924 contó con la participación de mujeres en natación, tenis y esgrima. Posteriormente la Federación Internacional de Atletismo decidiría incluir a las mujeres en pruebas atléticas de sus eventos aun cuando esa decisión no les garantizaría la participación en los Juegos de 1928.

Cuando los II Juegos Olímpicos Femeninos se celebran en Gotemburgo 1926, la IAAF era presidida por ese entonces por Sigrid Edstrom (Belga) quien se había educado en esa ciudad. En otras palabras esta sede también fue parte de la estrategia de Milliat; la presidencia del  COI estaba en manos del Conde de Balle la Tour de manera tal que era propicia una reunión para hablar del programa olímpico femenino. Los resultados de las inglesas fueron definitivos para mostrar la capacidad atlética de las mujeres, lo que se ratificaría en esta ocasión con un artículo del Times resaltando el evento como los II Juegos Olímpicos Femeninos. La propuesta a la IAAF fue ambiciosa intentando incluir 15 pruebas y fueron aprobadas cinco entre las cuales los 800 mts que se corrieron en Amsterdan 1928 dejando varias atletas tendidas sobre la grama.

En 1935 Alice Milliat decide retirarse de la arena competitiva tras lograr la inclusión de las pruebas atléticas en 1928 y tener la certeza que para 1936 serían ratificadas por la IAAF, organismo que lideraría en adelante el proceso. A la edad de 52 años su meta había sido alcanzada luego de dedicar 30 años de su vida a la infatigable lucha, que sería reivindicada en Munich 1936 por Fanny Blankers Koen, a quien le prensa de la época llamó “la Holandesa Voladora”.

Por |2019-08-11T10:25:32+00:0011 agosto 2019|Educación Olímpica|0 Comentarios

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